Acuarela de hojas de Ginkgo
Al principio del otoño paseando, me encontré una hoja de Ginkgo . La verdad, nunca me había fijado en que había estos árboles por aquí. La guardé entre las páginas de un libro para que se secase, ¿quién no ha hecho eso alguna vez?. Hace unos días, casualmente, volvió a aparecer y sentí que tenía que ser la protagonista de mi próxima acuarela. Mientras pintaba, no dejaba de pensar en su historia: una especie que es capaz de resistir eras enteras y sobrevivir a lo que parece imposible. A simple vista el Gingko no tiene la rudeza de otros árboles. Sus hojas en forma de abanico son delicadas y bailan con cualquier brisa. Es precisamente ahí donde reside su gran lección: la fuerza no siempre es lo que aparenta, pues muchas veces resistir no es luchar, sino saber permanecer.









